Capítulo 02
Vestirse
para encajar
La presión invisible que moldea cómo nos vestimos.
Esta relación entre la ropa que nos ponemos y la imagen que queremos proyectar no es para nada nueva ni exclusiva de Medellín, al fin y al cabo:
"Nos vestimos en concordancia con lo que quisiéramos ser, no con lo que somos."
El problema aparece cuando eso que queremos ser no nace de un sentimiento genuino, ni de una construcción personal, sino de la repetición de tendencias en todos los medios que van instalando deseos y aspiraciones inconscientemente.
"Puede que vos no escuches la canción, o que nadie te diga directamente que compres cierta marca, pero si vos estás en un grupo de 5 amigos, y los 5 amigos empiezan a comprar cierta marca, vos de cierta manera te sentís presionado."
Juan David empezó a usar la marca porque le pareció un diseño muy arriesgado y diferente a lo que se había visto en la ciudad. También señala que si en el mismo grupo de amigos empiezan a decir que tal marca es para cacorros, puede que esa persona ni conozca al artista, ni haya escuchado la canción, pero lo va a tomar como un hecho.



"Yo tengo muchos amigos que como que no tienen personalidad, que adoptan la personalidad según las modas comunes del momento, dejándose llevar de lo que dice la gente, las canciones", recuerda también que días después de salir la canción, fue a la universidad con una camiseta de la marca y fue tildado de cacorro en su grupo de amigos solo por llevarla puesta.
"A mí me parece una estupidez, me parece peor dejar de ponerse la ropa que a uno le gusta porque lo dijo un reguetonero, es cuestión de carácter."
Sin embargo, para algunos va más allá de tener carácter:
"Vivir en Medellín es sentir la constante presión por verte igual. Muchas personas se visten igual porque sienten que si se visten distinto, todo el mundo los va a voltear a ver."
"En Medellín, a diferencia de muchas otras grandes ciudades, si vos te subís al metro con una pinta rara, te van a mirar raro", complementa Lunareja.
El mismo Westcol, amigo cercano de Kris R, ha dicho en sus streams que, si bien tiene ropa Clemont, desde que salió esa canción ya no se la pone: "A mí me da cosita" cuenta el streamer compartiendo lo que muchos otros sintieron: un cuestionamiento a su virilidad masculina. Santiago también menciona esta cosita: "Cuando salió la canción y estaba muy reciente yo si me la dejé de poner por ahí un mesesito".
Lunareja explica sobre esto que decirle cacorro a un hombre en Medellín se sigue considerando como una ofensa violenta porque se pone en duda esa masculinidad paisa hegemónica y por ello se siente como un cuestionamiento al valor como hombre.
"A mí me da cosita."
Santiago también menciona esa cosita: "Cuando salió la canción y estaba muy reciente yo si me la dejé de poner por ahí un mesesito."
Esa presión por encajar no se queda solo en conversaciones de pasillo en las universidades, o en la fugacidad de streams o TikToks. En Medellín también se exhibe en vitrinas, maniquíes y logos, desde El Hueco hasta El Tesoro, desde Santa Cruz hasta Belén:
"La ciudad aprendió a vestirse como se ven sus artistas."